domingo, 1 de agosto de 2010

Vuelta a Menorca en kayak de mar

  • Reportaje: Chema, Wolfi y Rafa
  • Texto: Chema
  • Realizado del 17 al 25 de junio de 2005
  • Distancia total de la ruta: 160 km.
  • Al pulsar las fotografías se amplían.

  • Salimos del aeropuerto de Vigo el 16 de junio a las 7:35 de la mañana con destino a Mahón (Menorca) con la intención de dar la vuelta a una isla que debe ser paradisíaca. El tiempo dirá si lo conseguimos, pero solo intentarlo ya merece la pena.

     

    Día 17/06/05

    Comenzamos en el puerto de Mahón a las 11 de la mañana. Recorremos la larga bahía, que configura un puerto natural de abrigo de unos 7 km. de longitud, con un viento del noroeste que, en principio, nos ayuda a navegar. Llegamos a mar abierto y decidimos girar hacia el norte pues, aunque sopla algo de viento del norte y el mar está movidito, las previsiones para los dos próximos días apuntan a que calmará el viento.

    Doblar Punta de s’Espero marca la diferencia, de repente el mar se encrespa y el viento azota con bastante intensidad. Con este meneo, y después de unas dos horas remando, llegamos a Cala es Murtar, pequeño pueblo tradicional de pescadores, donde reponemos fuerzas en la única cantina del pueblo mientras charlamos amigablemente con la gente del lugar. Después de comer nos bañamos en una piscina natural formada en las rocas que hay pegadas al pueblo. No tiene mala pinta el inicio del viaje.

    Por la tarde, después de una pequeña siesta a la sombra, enfilamos hacia es Grau. Navegamos protegidos del viento del norte por la Illa de’n Colom. Al llegar a la entrada de la bahía decidimos hacer una parada en la Illa de’n Colom y exploramos el fondo marino con la gafas de bucear. Hay algo de vida marina aunque no demasiada, pero la temperatura del agua y su transparencia lo convierten en una grata experiencia. Al final descubrimos una playa con un bosque de tamarindos detrás, y nos parece el lugar ideal para pasar la noche. La isla tiene una gran población de unas lagartijas que están protegidas por tratarse de una especie endémica.

    Al atardecer cruzamos a Es Grau para tomar una cervecita en este tranquilo pueblo con unas vistas espléndidas de toda la ensanada. Por otra parte, conseguimos que nos den otra “clavada” tipo guiri por las cañas y unas tapas, ricas, pero poco generosas. La noche en la isla es de lo más relajante, durmiendo al abrigo de un bosque de pinos sobre la arena de la playa. No hace frío de noche pero suele caer algo de humedad que moja lo que dejas al descubierto.

    Distancia aproximada: 16 km.

     

    Día 18/06/05

    Despertamos alrededor de las ocho de la mañana y, después de un placentero desayuno, iniciamos la marcha sobre las diez de la mañana hacia el cabo Favaritxe. Aquí hacemos una paradita para estirar las piernas y acercarnos al faro para observar la panorámica de lo que nos espera a partir de este punto. Este cabo da entrada a la parte norte de la isla. Hoy tenemos suerte y el viento está en calma total. Una vez doblado el cabo navegamos un ratito y paramos en una cala muy bonita, cala de S’enclusa, para darnos un bañito y tomar el bocata.

    Por la tarde pasamos por delante la población de Addaia en nuestro rumbo hacia Punta d’en Pentinar, Punta dels Morters y la bahía de Fornells. La entrada en la bahía es estrecha y muy bonita, pero la bahía en sí misma no nos impresionó, esperábamos más porque la parte interior de la misma está declarada reserva integral. Sin embargo el pueblo de Fornells resultó una grata sorpresa. Conserva una arquitectura típica de casas caleadas de dos alturas. El único inconveniente es la plaga de turistas ingleses que están por todas partes. Gracias a ellos ya no quedan tascas típicas y los precios están disparados.

    Después de reponer nuestra despensa en el pueblo cruzamos la bahía hacia la parte más tranquila, donde localizamos una pequeña calita con un buen pinar detrás. Es un buen sitio para dormir, justo frente a la isla Sargantana.

    Distancia aproximada: 24km.

     

    Día 19/06/05

    Despertamos a la hora de siempre, sobre las ocho. Tras desayunar y recoger las cosas volvemos a cruzar a Fornells para comprar algo de pan y cargar las garrafas de agua. De paso tomamos un cafelito en una terraza de guiris. Notamos que algunas veces la gente nos mira raro. Será por nuestra pinta, y es que ya se deben notar los dos días sin ducharnos.

    Enseguida nos embarcamos en los kayaks y salimos de la bahía en dirección hacia el Cap de Cavallería, el situado más el norte de toda esta costa menorquina.
    El mar sigue en calma total y no sopla ni la más ligera brisa. Las condiciones para navegar son inmejorables. Cerca del cabo Wolfi decide darse un baño desde el kayak, y no será el último, pues en pleno cabo de Cavallería Wolfi y Rafa volvieron a bañarse desde los kayaks. Yo estaba a punto de decidirme, pero justo en ese momento una medusa le picó a Wolfi y a mí se me quitaron las ganas. La verdad es que había medusas por todas partes y a partir de ahora continuaríamos viéndolas en sucesivas ocasiones. Desde el cabo hasta nuestro siguiente destino tardamos unos 45 minutos, y así llegamos a la preciosa Cala Pregonda. El único inconveniente son los muchos barcos que fondean aquí, sobre todos los domingos como hoy. Pero esto no resta encanto al lugar, con un agua cristalina, un precioso bosque de pinos, tamarindos y multitud de arbustos de tipo mediterráneo que crecen sobre las dunas detrás de la playa.

    Después de comer unos exquisitos bocadillos de butifarra con tomates naturales y mucho aceite, el pinar es el sitio perfecto para echar la siesta a la espera de que decaiga un poco el calor. Tras la siesta seguimos la ruta costeando y pasamos pegados a las Illes de ser Blades por su cara interior. Después de la isla llegamos a la cala Barril, que vista desde el kayak tiene una pinta estupenda. Continuamos hacia Cala Pilar, pues nos habían comentado que tiene un manantial de agua dulce, y la verdad es que andamos un poco escasos del líquido elemento. Además, tampoco sería mala idea sacarse un poco de salitre del cuerpo, aunque esto último es más llevadero de lo que habíamos imaginado. Quizá el Mediterráneo es menos salino que el Atlántico.

    De ruta hacia Cala Pilar Wolfi pesca su primer trofeo, un pescado hermoso y grande que desconocemos pero del que daremos buena cuenta por la noche. Cala Pilar resulta ser un sitio espectacular para dormir. El entorno es de una belleza natural incomparable y es muy tranquilo. Los pocos bañistas que había cuando llegamos abandonan la playa al poco tiempo. A uno de ellos le preguntamos por el tan buscado manantial de agua y nos dice que no sabe nada. Aún así tuvo la amabilidad de donarnos una botella de agua de litro y medio.
    Nos instalamos en un tenderete de lona bastante grande que hay en el medio de la playa y que parece estar montado específicamente para nosotros. Debe ser una instalación provisional por algún tipo de obra que están haciendo por la zona porque hay también unos utensilios de obreros, sacos de basura y otras cosas. Nos viene como anillo al dedo para pasar la noche.

    Es el mejor sitio que hemos encontrado hasta ahora y probablemente que encontraremos en toda la travesía.

    Antes de cenar vamos en busca del manantial perdido. Wolfi descubre un caño de agua en un cauce seco que arranca de la parte derecha de la playa, cerca de una caseta, pero está totalmente seco.

    Inspeccionamos un poco la zona pero no hay rastro de agua. Tendremos que apañarnos con lo que nos queda. Damos cuenta de una suculenta cena a base de peixe fresco y lentejas, generosamente acompañadas de un sofrito a base de cebolla, pimiento, chorizo, morcilla, ajo y verduras variadas. Esta noche pretendíamos celebrar por todo lo alto la caída del Imperio Fraga, en nuestra Galicia , pero al final no pudo ser y tendremos que esperar unos días a ver si nuestros amigos los emigrantes nos ayudan a darle una patada a ese señor donde se merece. Dormimos plácidamente hasta las siete y media de la mañana.

    Distancia aproximada: 20 km.

     

    Día 20/06/05

    El día amanece como siempre, radiante y con una temperatura ya alta para estas horas de la mañana. Antes del desayuno cae bien un bañito en estas cálidas aguas para ayudarnos a desperezar. Hoy nos planteamos un día tranquilo, pero nos preocupa la cuestión del agua, que igual nos obliga a avanzar hasta Cala Morell en busca de ella. Finalmente Wolfi propone subir otra vez hacia el monte para intentar encontrar agua.

    Al empezar a subir localizamos una zona en forma de pequeño valle en la margen izquierda de la playa y con unos rastros de humedad en su parte baja. Siguiendo este rastro de agua subimos hacia unas paredes rocosas a modo de mirador natural sobre el mar y , de repente, rodeado de una vegetación espesa, descubrimos un precioso chorro de agua fresca saliendo directamente de la roca. Al lado de este manantial hay una figurita de la virgen, encerrada dentro de una cajita de cristal, y esto nos hace pensar que la fuente se trata de una especie de aparición milagrosa.

    Este sitio es fantástico y nos deleitamos bebiendo en abundancia y llenando todos los depósitos de agua hasta arriba. El día empieza bien y ahora sí que podemos dedicarnos a relajarnos, bucear, bañarnos y a seguir aprendiendo a esquimotear, pues Wolfi está empeñado en que antes de que acabe el viaje podamos impresionar a las chavalas de los barquitos con nuestra depurada técnica. El tiempo dirá si lo consigue. Pasamos toda la mañana holgazaneando a la sombra de nuestro toldo protector, del que solo salimos de vez en cuando para darnos el correspondiente baño. Tras el bocata del mediodía decidimos que ya está bien de hacer el vago y nos subimos a nuestros kayaks, pero eso sí, sin muchas ganas de remar.

    La jornada vespertina fue tranquila y no muy larga. Tan solo avanzamos unos 7 u 8 km. hasta la Cala d’Algaiarens, lugar que nos pareció perfecto para pasar la noche y dar por terminada esta jornada de medio descanso. En esta cala nos encontramos a los que serían durante varios días compañeros de viaje. Se trata de dos amigos alemanes que habían alquilado unas embarcaciones autovaciables en Fornells para navegar la mitad de la isla. Y el asunto tenía merito a la vista de los poco aerodinámicos y muy pesados barcos que tenían que arrastrar. Hay que estar un poco loco para intentar hacer lo que ellos con semejantes embarcaciones. Eran buena gente e hicimos buenas migas con ellos, aunque solo uno hablaba español. El otro solo se podía entender con Wolfi, a pesar de que llevaba un año viviendo en Palma de Mallorca, pero su círculo de amistades era totalmente alemán. Entre vaso y vaso de vino, a la luz de la luna, estuvimos charlando hasta que el cansancio hizo aparición y nos obligó a meternos en los sacos.

    Distancia aproximada: 8 km.

     

    Día 21/06/05

    Nos levantamos, desayunamos y vamos a saludar a nuestros amigos alemanes, que montaron su campamento al otro lado de la playa. Nos despedimos de ellos hasta otro momento, pues parece que vamos a ir avanzando al mismo ritmo. Nuestro primer objetivo es llegar a Cala Morell, a menos de una hora de distancia, y parar allí a comprar algo de comer y cargar agua. Se trata del típico pueblo fantasma que solo se puebla cuando llegan las oleadas de turistas a inundar sus calles. Y se ve que aquí, de momento, aún no han llegado. Nos costó bastante encontrar una tienda donde comprar algo de pan y rellenar los bidones de agua.

    Tras esta pequeña parada continuamos la ruta hacia punta Nati, que pondrá fin a la costa norte para darnos paso a la cara oeste de la isla. Antes de punta Nati paramos en uno de los pocos sitios en que se puede desembarcar en este tramo de costa, ya que, entre Cala Morell y Ciutadella la costa es un continuo acantilado rocoso. Como decía, paramos en Cala Pons, una calita estrecha y alargada que tiene en su fondo un antiguo embarcadero, hoy en día en estado de abandono y medio ruinoso. Está situada en medio de un paisaje lunar. Todo a su alrededor es una sucesión de rocas solo interrumpidas por las típicas pirámides de piedra que salpican el paisaje. Son unas construcciones muy curiosas y representan torres de defensa denominadas talayots.

    Aprovechamos este descanso para tomar el bocata y hechar una pequeña siesta en estas horas centrales del día. En esta cala nos encontramos lo que a partir de aquí iba a ser una constante en nuestra travesía, la plaga de medusas, que este año estaba siendo especialmente virulenta y nos impidió bañarnos relajadamente en más de una ocasión. Es una especie de tortura estar asándote de calor y no poder darte un baño en condiciones, pero hay que tener mucho cuidado con las picaduras de este bicho, y si no que se lo pregunte a Wolfi.

    Tras esta paradita nos disponemos a doblar punta Nati. Aquí decidimos darnos un baño desde los kayaks, ya que no pudimos hacerlo en la cala anterior. Ya fresquitos continuamos hacia Ciutadella, nuestro próximo destino. Un poco antes de llegar empezamos a ver las urbanizaciones que empiezan a salpicar la costa y que corresponden a Calespiques. En esta zona descubrimos, de repente, un pequeño salto de agua dulce que cae directamente al mar. No tiene mucha altura pero no deja de resultar atractivo.

    Ya en Ciutadella nos dirigimos hacia la cala situada a continuación de la cala principal que da acceso al puerto. Esta cala secundaria y muy tranquila está cerrada al tráfico de barcos, su nombre es Cala des Degollador, y nos la recomendaron para dormir nuestro amigos alemanes. Al final de la cala hay una pequeña playa, pero antes, a ambos márgenes de la misma existen unas terrazas o explanadas en las rocas y que los vecinos de Ciutadella utilizadan para tomar el sol y bañarse.

    Desembarcamos en la playa más pequeña que haya visto en mi vida. Hay el espacio justo para nuestros kayaks y los de los alemanes, que ya nos estaban esperando. No cabe nada más. Serían las siete de la tarde y nuestros amigos se disponen a continuar la ruta para ganar la costa sur. La idea nos parece de locos pero ellos sabrán lo que hacen. Nosotros ya tuvimos bastante para el día de hoy y nos cambiamos de ropa para dar un paseo por el casco antiguo de Ciutadella y cenar a mesa y mantel.

    Merece la pena recorrer las callejuelas de esta ciudad, que te sorprende con la belleza de sus edificios y su bien cuidada zona antigua. Para dormir elegimos una de las terrazas de Cala des Degollador, que, al estar un poco apartadas del centro resultan un sitio muy tranquilo y agradable.

    Distancia aproximada: 20 km.

     

    Día 22/06/05

    Seguimos con nuestra rutina ya establecida, levantarse temprano, chapuzón para espabilarse y desayuno. Tras reponer nuestra despensa y los bidones de agua seguimos la ruta hacia el sur. Al fondo se ve ya la silueta del faro de Cap d’Artutx.

    Alcanzado el cabo entramos en las aguas del sur y pronto nos daremos cuenta de que este es otro mundo. Personalmente me quedo con el norte, mucho más tranquilo, salvaje y natural. Pero el sur, a pesar de ser muy turístico, también te sorprende con unas calas idílicas y tranquilas, aguas de un azul turquesa intenso sobre fondos arenosos y con frondosos pinares a sus espaldas en los que descansar y resguardarse del sol. Es una zona de contrastes.

    El primer impacto lo recibimos en la playa de son Xoriguer. Acostumbrados a las playas y calas del norte y a su tranquilidad, nos encontramos de repente en una playa en la que el centímetro cuadrado de arena es disputado al máximo, lo cual nos supuso una dura prueba de adaptación. En medio de esa vorágine de gente tuvimos que tomar nuestros bocatas y darnos un baño antes de escapar literalmente hacia aguas más tranquilas. Ni siquiera pudimos hechar nuestra acostumbrada siesta.

    De esta manera llegamos a Cala es Talaier reclamando nuestra robada siesta a la sombra de los típicos pinares del sur. Como ya dije las aguas de las calas del sur son de un azul intenso y resultan ideales para bucear. Tras esta parada avanzamos un poco más en busca de una cala para dormir. Nos pareció perfecta Cala en Turqueta, tranquila, con buena sombra y, por supuesto, la compañía de los alemanes, que no veíamos desde Ciutadella. Nos cuentan que después de su jornada maratoniana tuvieron que descansar al día siguiente y por eso aún estaban por esta zona. Celebramos el reencuentro con unas botellas de vino, que nunca faltan en nuestra bodega.

    Distancia aproximada: 18 km.

     

    Día 23/06/05

    La primera cala que nos encontramos en el día de hoy es otra preciosidad, Cala Macarella, acogedora, protegida por un bosque frondoso, de difícil acceso por tierra, en definitiva un lugar ideal para relajarse. A continuación la otra cara de Menorca, Cala Santa Galdana, lugar turístico y presidido por un horrendo y gigantesco hotel. Por lo tanto pasamos de largo y paramos en Cala Trebaluger cuando ya se acerca la hora de comer.

    Aquí merece la pena remontar un tramo del río Trebaluger, de aguas coloreadas por los márgenes arcillosos y repletos de cañaverales. Abundan tambión los patos y otras aves acuáticas que no reconocemos. Por supuesto, tras la playa hay una buena sombra donde echar una cabezadita. Después del descanso, y ya por la tarde, seguimos costeando y alcanzamos la zona de las extensas playas de Binigaus, Sant Tomás y playas de Son Bou. Son buenos arenales pero demasiado turísticos. Es mejor atravesar cuanto antes todas estas urbanizaciones y hoteles, especialmente abundantes en la zona de Son Bou, donde otra aberración urbanística en forma de hotel preside el litoral. Nosotros hacemos una paradita en Sant Tomas para reponer agua en un chiringuito de playa, de los pocos que vimos en toda la costa menorquina, y despedirnos de la pareja de alemanes que aquí abandonan su particular ruta para dar paso a unos días de juerga y “pomada” en las fiestas de San Juan de Ciutadella. Por lo que nos cuenta la gente de la isla y todos los que vienen de fuera especialmente para estas fiestas, son algo espectacular e inolvidable. Pero nosotros no tenemos el cuerpo para fiestas ahora mismo y preferimos seguir con nuestros planes de completar la vuelta a Menorca.

    Ya sin la compañía de los alemanes dejamos atrás los interminables arenales de Son Bou y enfilamos una larga pared rocosa acantilada, sin posibilidad de desembarque, hasta llegar a Cala en Porter, donde tenemos previsto pasar la noche. Llegamos con el sol poniéndose en el horizonte y el mar en calma, justo a tiempo para hacer las últimas fotos y adentrarnos hasta el fondo de la cala , bastante cansados después de una de las jornadas más largas de toda la travesía. Se trata de una playa urbanizada, pero apta para dormir, pues tiene mucho fondo y la mayor parte del pueblo se encuentra apartado de la misma y elevado sobre un promontorio que está detrás de la misma.

    El pueblo es turístico cien por cien y no destaca por nada especial. Está plagado de ingleses y todos los negocios de hostelería están orientados hacia esta clientela. En uno de los restaurantes establamos conversación con algunos de los muchos gallegos que trabajan en la hostelería de la isla.

    Distancia aproximada: 23 km.

     

    Día 24/06/05

    Por la mañana nos sorprende lo temprano que comienza el movimiento de los trabajadores de la playa: el que coloca las tumbonas, el responsable de las pedaletas, etc. Tanto es así que tenemos que retirar un poco nuestros kayaks para dejar sitio a tanto aparataje. Además, ya empiezan a llegar desde muy temprano los primeros bañistas. Se ve que los ingleses son madrugadores. Ante tanto movimiento decidimos recoger los bártulos y, sin desayunar siquiera, nos vamos para Cales Coves, a ver si allí podemos tomar el café tranquilamente.

    Esta es una cala preciosa que merece la pena visitar. En sus paredes hay excavadas multitud de cuevas que hace años albergaban a la que llegó a ser una gran comunidad hippie. Como aquello debió descontrolarse bastante las autoridades locales decidieron cerrar las cuevas con planchas de hierro para impedir su uso. Hoy en día están todas vacías e inutilizadas, pero merece la pena darse un paseo por los senderos que recorren la zona alta de la cala y que unen unas cuevas con otras.

    Hay dos playas pequeñas en las que se puede dormir pero se echa en falta algo más de limpieza, tanto en las playas como en el agua. El baño no es tan apetecible como en el resto de las calas. Hay muchos veleros fondeados debido el excelente abrigo que ofrecen la altas paredes y lo profundo de la cala. En una de sus playitas pudimos por fin desayunar con tranquilidad y visitar a continuación unas cuantas cuevas. No hay posibilidad de coger agua en esta zona.

    Tras reponer fuerzas continuamos hasta Cala des Canutells, donde paramos para comprar algo de comida y coger agua. Hay un pequeño barrio de pescadores en la parte baja del pueblo y allí nos entretenemos con una explicación práctica de un marinero jubilado sobre la técnica de limpieza de la raya. Tenía sobre un tablón un precioso ejemplar de más de 20 kilos al que estaba sacando la piel para después trocearlo y llevarlo al mercado. Todo el proceso le lleva más de media hora y estuvimos un buen rato con este simpático hombre mientras nos explicaba lo que iba haciendo.

    Después de esta clase práctica y de comprar algo de comida continuamos navegando hasta Cala de Binidalí, con la idea de bañarnos y comer lago. Lo de comer fue posible pero lo de bañarse resultó complicado. La cala estaba llena de medusas. En la orilla se podían contar por cientos. Los bañistas que bajaban a la playa con ganas de darse un chapuzón se quedaban alucinados ante el espectáculo y se tenían que dar la vuelta y quedarse con las ganas. Nosotros tuvimos que caminar por lar rocas hacia la parte exterior de la cala, donde la concentración de medusas era menor, para poder darnos un baño.

    Ya por la tarde continuamos costeando y vamos dejando atrás la sucesión de urbanizaciones y chalets que pueblan esta parte de la isla, hasta llegar a la esquina sureste de Menorca. De todos estos poblados y urbanizaciones solo merece la pena visitar Binibequer Vell, un pueblo turístico construido allá en los 70 como aparthotel, con un estilo de casas de planta baja, caleadas y distribuidas a través de un laberinto de callejuelas, pasadizos y plazoletas por las que merece la pena perderse. A continuación paramos en Cala Binibequer y tomamos una cervecita en un chiringuito playero. Ya que hay algún chiringuito en esta zona hay que darles uso.

    A última hora del día recorremos el último tramo de costa sur que nos queda hasta llegar al lugar en donde pretendemos pasar la noche, Ila de l’Aire, en la esquina sureste y cuyo faro destaca en la distancia sobre la isla totalmente plana. La isla cuenta con un embarcadero, hoy en día semiderruido a causa de los fuertes temporales que azotan en invierno esta parte de la isla. No todo en Menorca es Tramontana. Por lo que nos dijeron los marineros los temporales del sur en invierno son temibles. Illa de l’Aire tiene una pista que arranca en lo que queda de muelle y lleva hasta el faro, cuyas instalaciones están en muy mal estado de conservación.

    Da pena ver un faro tan bonito pero tan descuidado. Buscamos un sitio donde dormir y finalmente opotamos por la plataforma del antinuo embarcadero. El sitio tiene buena pinta y todo hubiera resultado perfecto si no fuera por la plaga de mosquitos que nos incordió toda la noche. Tuvimos que dormir totalmente encerrados hasta la cabeza en nuestros sacos, a pesar del calor que hacía, para protegernos de la nube de mosquitos. Pero todo tormento tiene su fin y con el amanecer nos lanzamos al agua para refrescarnos y sacarnos de encima la sensación de agobio después de una noche de insomnio. Por cierto, esta pequeña isla cuenta también con su propia especie endémica de lagartijas (o sargantanas, como aquí las llaman). Estas son más grandes que las de la Illa de’n Colon y de color totalmente negro. Resulta muy curioso verlas por todas partes.

    Distancia aproximada: 17 km.

     

    Día 25/06/05

    Desayunamos en el muelle de Illa de l’Aire, desde donde vemos el tramo final que nos queda hasta la bahía de Mahón, con el faro de Punta de s’Espero destacando en lo alto y vigilando la entrada a la misma. También observamos, desgraciadamente, la aberración de instalación macro-hotelera de Punta Prima, uno de los últimos atentados urbanísticos cometidos en esta bella isla, que todavía conserva grandes espacios intactos a salvo de las garras de los especuladores y del turismo de masas. Esperemos que se conserve así por muchos años.

    Este último tramo que nos queda para finalizar la travesía lo realizamos con algo de viento atravesado de dirección sureste. Casi se agradece este moviento en nuestros kayaks después de tantos días de mar en calma. Tiene buena pinta Cala d’Alcanar, con una entrada muy recortada, y que, según nos han contado, tiene una cueva de grandes dimensiones. Pero el estado del mar y las ganas de llegar por fin a la bahía de Mahón nos hicieron pasar de largo esta cala.

    Por fin llegamos de nuevo al lugar de donde hace 8 días que salimos. Nuestras previsiones eran de haber realizado la vuelta a Menorca en unos 10 días, teniendo en cuenta la información que teníamos de otras travesías que habíamos consultado por internet. Finalmente nos llevó menos tiempo de lo esperado debido a las excelentes condiciones de navegación que nos encontramos a lo largo de toda la travesía. No es frecuente disfrutar de una sucesión tan larga de días sin nada de viento. Pero esto no es lo normal y cualquier intento de vuelta a Menorca debe hacerse con una previsión mínima de 10 días, teniendo en cuenta que más de un día la navegación será complicada a causa del viento.

    Antes de llegar al puerto de Mahón hay que pararse en el puerto de Villacarlos, que se mantiene con su aspecto tradicional y sus embarcaciones artesanales, frente a la opulencia y ostentación del puerto de Mahón. A las 12 del mediodía arrivamos al punto donde nos recogen los kayaks nuestros amigos de la tienda Menorkayak, que nos fueron de gran ayuda a la hora de organizar la ruta e, incluso, tras terminar la misma. Muchas gracias y hasta pronto.

    Distancia último día: 12 km.

    Distancia total de la ruta: 160 km.